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jueves, 15 de octubre de 2015

Borgoñas de Dijon a Lyon

En esta ocasión y de nuevo de la mano de Jean Marcos de La Ruta Del Vino de Santander (www.larutadelvino.com; @larutadelvino1), nos tocó dar un paseo por la Borgoña francesa (lógicamente la francesa, porque no hay otra Borgoña en el mundo). El motivo era catar vinos de Borgoña de Dijon a Lyon pasando por Chablis, y fue conducida por el profesor Pedro Martínez. Allí yo era quien menos sabía de los vinos de Borgoña, ya que entre mis compañeros catadores había mucho entendido.

Pedro quiso jugar con nosotros y doy fe de que lo consiguió. Todos los vinos fueron presentados con la botella tapada y Pedro nos hacía una introducción sobre la variedad y la bodega para ver si podíamos acertarlo. Empezamos con cuatro vinos blancos y terminamos con cuatro vinos tintos.
Nos dijo Pedro que el primer vino era el que los bodegueros de toda la vida hacían para su consumo en casa. Uva Aligoté, y el vino era Bourgogne Aligoté de Domaine Des Remparts, de Chablis Cote D’Auxerre. Aromas a piña y mantequilla, con una acidez marcada y un toque cítrico bastante rico.

Seguimos con un Chardonnay, en este caso de Chablis. Chablis Grand Cru Les Preuses 2007. Con 10 meses de barrica, resultaba más ácido que el anterior y con aromas a mantequilla y frutos blancos.

Después probamos un Coteau Champanois 2010 de Jacques Lassaigne. Chardonnay 100% con toques a madera y cuero. Menos fresco y menos acido que los anteriores.

Para terminar con los blancos, de nuevo un Chardonnay. De Savigny-Les-Beaune venía este vino de Domaine Simon Bize & Fils. Añada 2008, resultaba un vino recio y con toques minerales, bastante ácido en boca y con bastante salinidad.

Nunca he sido un fan de la Chardonnay, aunque recientemente he probado alguna que me ha gustado mucho. Estos tres vinos estaban ricos, pero quizá el Aligoté me resultó más sencillo de beber.


En este momento y sin mucha pausa nos pusimos manos a la obra con los tintos. Los Borgoñas tintos que he tenido ocasión de probar me han gustado mucho. El primero en caer fue una Gamay 100% de Beaujolais, el 2013 de Château Cambon. Floral y muy ligero en nariz, especiado y con notas a frutas rojas, muy agradable en boca. Un vino bastante rico, y sobre todo con un precio estupendo, en torno a los 12 euros.

Siguiendo con otra Gamay de Beaujolais, este vino tenía un 50% de maceración carbónica y el restante 50% despalillado, lo que le daba un frescor notable. Mayores aromas de fruta roja que el anterior y muy agradable de beber con sus 12% vol. En este caso, Vielles Vignes Brouilly 2013 de Jean-Claude Lapalu.

A continuación un Pinot Noir. Rico rico rico rico. Sin duda mi vino preferido de la velada. De Nuits st. George, Premier Cru Les Murges 2005, de Domaine Bertagna. Excelente vino y una añada difícil de encontrar.

Para finalizar, Pedro nos ofreció otro vino y nos pidió que identificáramos su productor, con la pista de que uno de los tintos que habíamos bebido previamente era un vino más joven de la misma bodega que éste. Al final resultó ser un 2010 de Château Cambon, completamente distinto del primero.

En resumen, una velada muy agradable la que condujo Pedro Martínez que contó entre los asistentes con otro gran experto en Borgoña, Phillipe. Los comentarios de ambos y los vinos hicieron una más que agradable experiencia. Y lo mejor fue que Jean Marcos nos prometió una segunda parte de este viaje que comenzamos en Dijon. Lo estoy deseando desde antes de volver a casa.

miércoles, 14 de octubre de 2015

De vinos por el mundo

De la atenta mano de Jean Marcos, de La Ruta Del vino de Santander (www.larutadelvino.com @larutadelvino1) tuvimos ocasión de catar diferentes monovarietales de los alrededores de Bilbao.
Empezamos la velada con un Pinot Noir de Borgoña, Château de Premeaux 2012 de Hautes-Cotes de Nuits. Muy rico, el que más me gustó de la noche, fino y equilibrado con una agradable evolución en copa, que siempre me gusta dejar un poquito. Tanto en la fase visual como en la gustativa capté la variedad y procedencia, ya que Jean nos ofrecía la botella tapada, pero lejos de ser una tendencia de la noche, fue el único acierto que tuve. El vino estaba muy bien y su precio, que no recuerdo, era bastante asequible.

Después vino una Garnacha de Madrid, Marañones 2012 de Bodegas Marañones. En boca resultaba ácido, fresco y con cierta astringencia. Recientemente me estoy aficionando a la garnacha, pero ésta no me gustó demasiado. Me gustan más, por poner un ejemplo cercano, las garnachas de la sierra de Gredos.

Dando un gran salto nos plantamos en Chile. Del Valle de Maipo venía una Carmenere en la botella de Legado 2010, de la bodega De Martino. Yo juraba y perjuraba que aquello olía a Cabernet Sauvignon y fue el patinazo de la noche porque lo dije en voz bien alta. En boca me resultó como los demás vinos chilenos que he probado, demasiado pastoso. No ya astringente sino como si fuera engrudo. Será que no he acertado con los vinos chilenos hasta ahora, pero después de haber catado unos ocho siguen pareciéndome demasiado pastosos.

De vuelta en Europa una agradable sorpresa. No voy a decir  lo que pensaba que era por no hacer más el ridículo, y eso que la Sangiovese siempre me ha gustado, tanto en los Chianti Classicos como en los Brunellos de Montalcino (entre mis vinos favoritos). Castello de Monterinaldi 2011 era el que catamos y estaba muy rico. Sencillo y muy agradable de beber.

Vuelta a la Américas, esta vez a Argentina, de donde probamos la Malbec de Catena Alta 2012, de Mendoza, elaborado por Catena Zapata. Sin duda el vino más valorado de la noche por mis compañeros de cata, elegante y todo eso, pero me dejó un poco frío. Teniendo en cuenta su precio, 40-45 euros, no es un vino que me vea probando más veces.

Para finalizar, una Shirah. Mira que me gusta el vino corpulento y potente y la shirah/syraz es una uva que me fascina, pero este Samitier 2013 de Bodegas Augusta de Calatayud me pareció excesivamente potente. Unos cuantos años en botella le irán muy bien para afinarse un poco, porque ahora mismo sería incapaz de tomarme dos copas seguidas sin que se me durmiese la boca. Me pareció muy rico, pero demasiado.

Por suerte sobró un poco del Borgoña en la botella y como los demás se daban al Catena Alta, mi vecino de cata y yo nos dedicamos a terminar la botella del Borgoña. Que no están las cosas como para hacer el feo de que sobrase vino, y menos a los franceses.